Hace algunos años una persona me regaló cierta cantidad de dinero en forma de herencia.
No fueron millones ni nada por el estilo, aun así, lo único que se me ocurrió hacer fue compartirlo.
Lo dividí en cantidades sabrosas (que alcanzara para algo no fácil de adquirir), y de tin marín de do pingüe comencé a elegir a las personas.
Curiosamente hará dos semanas me preguntaron exactamente lo mismo:
¿QUÉ harías si te sacaras la lotería y te convirtieras en multimillonaria?
-compartirlo- (contesté sin dudarlo).
Y si...
Si así fuera, primeramente me aseguraría que todos mis seres cercanos tuvieran un lugar propio donde vivir... TODOS.
Desde el jardinero que ha visto crecer las flores de mi casa.
Hasta aquel hermano que en el 95 le fue “re mal” en la devaluación.
Sin olvidar a la mujer que fielmente lava los trastes, plancha la ropa, recoge el tiradero del día a día durante años.
Naturalmente siendo millonaria no “tendría” que trabajar.
Entonces buscaría las comunidades indígenas más necesitadas de mi México querido y en cada una instalaría una casa donde SIEMPRE hubiera un buen plato calientito para el que llegara.
Sueños guajiros más no imposibles.
Porque trabajando estoy en ello.
Con los ojos vendados, un día dejé caer mi dedo sobre un plano grande y extendido de la república mexicana.
En mi imaginación siempre supuse que caería allá por el sur... y nada.
Fue Jalisco el elegido!
Me di a la tarea de buscar un pedacito de tierra lo más cercano a donde señaló el mismísimo dedo.
Poco a poco he ido levantando mi jacal.
Jacal donde en un futuro habrá siempre y a toda hora un buen plato de comida para el que llegue...
Gustas?