martes, 17 de abril de 2012

Desde aquel día

Como todas las tardes desde aquel día, Sara observa el mar. Los viejos del pueblo la consideran, los jóvenes piensan que le falta una tuerca, pero a ella ambas cosas la tienen sin cuidado porque a sus 80 años estar justo ahí es lo que la motiva a levantarse cada día.
Nació y creció en esa remota isla de tierra húmeda, pegajosa y caliente. De la mano de su padre aprendió a cazar iguanas y armadillos para alimentarse y cuentan que antes de despuntar el día, se les veía en medio del océano dentro de la barcaza roja, a veces pescando y otras intentando comprender los misterios de esa inmensidad. 
Un día, cuándo el sol se ocultaba, llegó del mar un hombre de piel blanca que anduvo por la isla levantando rocas, hurgando cuevas y enamorando a Sara. Meses después, ella lo vio partir dejándola con un corazón roto y una panza abultada. 
A los pocos años, el pequeño Nicolás jugaba entre las olas bajo la mirada atenta de Sara. El niño absorto en el juego, no vio la enorme ola que de pronto apareció tras de él, ni escuchó el grito desgarrador de su madre.
Menjurjes y pócimas no fueron suficientes para despertar a Sara de su estupor, hay quien dice que la mitad de ella se fue con el hijo mar adentro, por eso hoy, como toda las tardes, Sara solo se dedica a observar el mar... desde aquel día.

Gema Vázquez Michel
Abril 2012

Hoy

Me despierta el golpeteo de un pájaro carpintero, desde mi cama lo observo, el sol se asoma tenue aun. Diversos sonidos inundan la atmósfera, gallos, patos, chivos, gaviotas, anuncian el inicio del nuevo día. El viento poco a poco se hace presente, comienza sutil acariciándome la piel, tornándose travieso e irrespetuoso conforme pasan las horas:  arranca sombreros, levanta faldas, zarandea palmeras y enloquece al mar, al misterioso mar donde a su orilla los niños juegan, los enamorados sueñan, los filósofos cavilan, los músicos se inspiran,  y yo simplemente no me canso de admirarlo. Al mismo tiempo el sol sigue su andar... cobija, calienta, quema hasta sumergirse poco a poco en el horizonte formando un cuadro de diversos colores llamado ocaso, dibujado a mi parecer por la mano del mismito Creador. La noche cálida me envuelve y los destellos mágicos de las luciérnagas me dejan sin palabras. El reflejo de la luna está ausente pero su energía impera en el ambiente desatando en mi la pasión y el arrobo que me provoca estar aquí... hoy. 


Gema Vázquez Michel
Abril 2012

Euriclea


Se dice mucho de mi, de Odiseo. De mis aventuras y mis desventuras que parecen no tener fin. Hoy que hago un recuento de mi vida, mi memoria salta de un episodio a otro, veo muertos, engaños, violencia, sed de dominio, rostros sin fe. Como en sueños recuerdo aquella aparición de las sirenas, o la astucia de Circe o el ingenio de Calipso o todas aquellas intervenciones sobrenaturales. Dioses y héroes, falsas filosofías.
Por supuesto que amaba a Penélope, más que a mi mismo. Sin embargo hoy quiero honrar a otra mujer, la que me crió, la que me amo, la que me instó a luchar por mi gente, por mis raíces, por Troya. Su esencia me envolvió justo al momento de nacer formando una coraza contra todo, contra todos.
Euriclea, nana querida, nunca olvidaré mi llegada a Itaca como un desconocido. Tu cara, tu asombro y alegría al reconocer los pies de tu amado niño héroe.


Gema Vázquez Michel
Abril 2012

Milo


La despedida fue breve, no quiso detenerse en la mirada triste de sus padres y tampoco en el dolor que le causaba el divorcio de los mismos. 
La mujer extraterrestre lo tomó de la mano y lo llevó hacia la nave. A sus 8 años no sentía miedo, la incógnita de su futura misión lo emocionaba.
Por dentro la nave era blanca, fría y luminosa, miró por la ventana y se sorprendió al observar el planeta a sus pies. Poderoso al ver todo tan pequeño, se le ocurrió la posibilidad de jugar con él. Quitar, poner, cambiar... un mundo a su antojo nunca sería complicado.  
   -Tendré que consultarlo con el alto mando en cuanto lleguemos a la ciudad base-  pensaba el niño justo cuando la nave aterrizo.
Corriendo bajó a buscarlo. Ansiaba narrarle sus hazañas, sus proyectos, pero al sentirse envuelto en aquel cálido abrazo,  la ficción sufrió un descalabro y el chiquillo simplemente susurro:    
   -¡Abuelo!- 


Gema Vázquez Michel
Abril 2012