Noviembre 6, 2006.
He observado que todas mis amigas tienen su "estilista oficial" el cual las atiende desde hace años practicándoles en el cabello todas las monadas(???) habidas y por haber:
Rayitos, luces, "baños de sol"... sin olvidarse del arreglo de los pies y de las manos.
Cuando mis rizos lucían en todo su esplendor, mi único objetivo al utilizar una estética era simplemente "el despunte"... el cual querían cobrármelo como si fuera el último alarido de la moda.
Para mis codencias (en ese aspecto), busque siempre quien (él o la) me cobrara mas barato (mas de 50 pesos era desorbitante para mi pensar).
Razón por la cual jamás me "engri" con alguien en especial.
Cuando las 'ches canas comenzaron a atacarme sin sutileza... me convencí de 2 cosas:
1 No me gusta pintarme la cara, "cuantimenos" el cabello.
2 Fuera vanidad.
Así que... tijeras para que las quiero.
Busque consejo en mis cuatachas... cada una pensaba que "su" estilista era el mejor.
¿Como atinarle?
Tenía que ser alguien con conocimiento de causa (sobre todo por MI causa!).
De tin marin... una mañana de octubre llegue con Emilio.
Me temblaba todo... y así como un gato se relame los bigotes al ver un suculento tazón de leche... así Emilio afilaba la navaja al explicarle mi locura de un pelo minúsculo.
-Como quieres tu corte?
-Mmmmta!... pos sepa!....
Menciono a varias artistas...
-Nel!... lo quiero MÁS chiquito.... no quiero peinarme, no quiero nada!... fuera glamour.
-Bueno, piensalo mientras te lo corto.
Y sopas!... los rizos fueron volando uno a uno...
y con ellos una parte de mi identidad.
No podía pensar... no podía articular palabra alguna... azorada me veía a mi misma convertirme en "otra".
-Que te parece?
Con la autoestima en la cuerda floja, solo atine a decir:
-mmm.. me siento como si me hubiera mordisqueado un burro!!!.
Y en efecto...
Apenitas me estoy acostumbrando, pero ya me esta gustando.
Hoy me toco ir con Emilio... MI AMIGAZO!!!
Y como siempre al verlo, el gato bigoton acaparo mi mente.
El salón repleto de señoras "güeras"(?)...
Y mi cuate sin reparo alguno se atrevió a saludarme con un:
-Entonces que?... igual que siempre?... como si te mordisqueara un burro?-
