lunes, 17 de octubre de 2011

Reencarnación...



Chaaales!... reencarnación???.
Me es MUY difícil creer en algo así.
Lo veo por un lado y lo veo por el otro y nomás no le encuentro la razón de ser.
Por lo mismo, nunca se me ha ocurrido pensar: “Quién fuí”?
Pero si se trata de darle vuelo a la imaginación, lo primero que se me viene a la mente es haber encarnado en una eminente científica maya.
Nací en Uaxactún, población situada en el centro de la región del Petén (hoy Guatemala), durante el antiguo Imperio (el más hermoso).
Uaxactún fue sin duda una de las más antiguas ciudades mayas.
Recuerdo sus calles y calzadas donde se levantaban grandes pirámides.
Y al fondo el observatorio astronómico, en donde según mi madre, yo trabajaría algún día.
Su clima cálido y lluvioso daba por resultado una basta agricultura.
De niña jugué entre extensos cafetales, cañaverales, y alrededor de minas de oro, plata, carbón y ópalo.
Mi padre era jefe hereditario de esa población.
Y lo asesoraban un grupo de personas realmente notables.
Mis hermanos fueron agricultores, otros cazadores y otros más artesanos.
Ningún guerrero... mi padre siempre fue hombre de paz, algo que siempre nos inculcó y defendió hasta su muerte.
En ese entonces no conocimos los animales de carga.
Nuestra transportación eran las canoas y el caminar... por eso tanto énfasis en tener buenas calzadas (o calles).
Los granos de cacao y las pequeñas piezas de cobre, eran nuestra moneda.
La religión se basaba originalmente en la adoración a las fuerzas naturales.
Más delante surgieron dioses específicos relacionados a la agricultura, el calendario y la astronomía.
Para su culto se celebraban fiestas, danzas, ayunos, peregrinaciones y hasta sacrificios humanos.
Actividades en las que nunca participé debido a que mi madre, desde muy temprana edad detectó en mi una fascinación por los números a los cuales dediqué mi vida entera.
Los números... mi pasión.
Creamos un sistema de numeración. 
Sobre esta base, hicimos observaciones astronómicas construyendo templos especiales para el caso.
Precisamos la duración del año solar.
Justo en este tiempo, algunos investigadores comenzamos a emigrar a diferentes territorios en busca de lugares estratégicos puesto que nuestra finalidad era contactar con el espacio cósmico.
Nuestros estudios indicaban que en el lugar donde habitábamos existían fuentes de energía capaces de darnos la información que tanto nos apasionaba.
Embarcados en canoas por el río Usumacinta, un día llegamos al sitio indicado (según nuestro estudio).
Un lugar mágico rodeado de lagos al que nombramos Palenque (hoy México).
Trazamos los lugares exactos donde se debían construir cada uno de los edificios.
El proyecto era elaborar un calendario dividido en 5 soles (o etapas) que tuviera todas las claves e información (pasado, presente y futuro) respecto al “origen”.
Lamentablemente no fuí elegida para ver terminado el gran suceso.
Una madrugada de verano... la tierra rugió y se convulsionó.
Mi muerte fue instantánea al caer un gran número de rocas sobre mi.
Y al fantasear con todo esto me pregunto:
¿No estaría escrito en algún lugar del universo, que estaría aquí y ahora, encarnada en este cuerpo, para ver el final de aquel proyecto... MI proyecto?
¿El final del Quinto Sol?
Y como me salió un poco “Holliwodense”, termino con un:
THE END

Octubre del 2011.