Nota del autor: Cualquier parecido con la realidad es mera MERA coincidencia.
-Hoy fui a la clase de escritura y créeme que hay momentos en que no se lo que hago ahí- dijo con voz cansada la esposa mientras meneaba la olla de los frijoles.
-¿Si?... ¡Pásame otra tortillita mi amor, ni a mi madre le salen tan buenos los frijoles como a ti!- dijo el esposo
-¡Si!, y es que entre los acentos y la sintaxis, mis ideas de plano se hacen bolas-
-¿Por?... ¡Le faltó un poquitín de sal a la carne mi amor!-
-Porque hace tantos años que estudié todo eso que no me acuerdo de nada, de repente me parece que todos me hablan en otro idioma-
-¡Nooo!... ¿Hiciste postre mi amor?-
-¡Siiii!, así me siento... viví encerrada tanto tiempo en mi mundo de fantasía que la realidad me asusta y mucho-
-¿Cómo?... Espero que lo hayas preparado con leche deslactosada porque si no, no respondo- dijo riéndose el esposo.
-Cómo lo oyes, cada mañana al levantarme todo me parece absurdo-
-¿Todo?... si todo lo haces muy bien mi amor-
El esposo se levanta, le da un beso en la frente y antes de salir de la cocina le dice lanzándole una pícara mirada:
-Te espero arriba mi amor-
La esposa tomó un pedazo de pan, lo untó de frijoles, y se sentó continuando la plática consigo misma mientras cenaba. Tal vez sea la edad, pues imaginarme a estas alturas escribiendo algo tan complicado como un cuento, me causa hasta risa. Porque el hecho de haber escrito anécdotas y experiencias durante toda mi vida, no tiene nada que ver con todo esto. A parte que a mi las relaciones sociales me causan algo así como “escozor”... esa idea del tal Salinger me recordó algo que he querido hacer siempre, un lugar remoto, mi chucho y escribir. ¿Pero escribir QUÉ si a mi definitivamente no se me dan esas cosas?
-¡Mi amor, de pasadita te encargo un vaso con agua?... ¡te estoy esperando!- se escucha la voz del esposo a lo lejos.
La esposa se levanta, lava la loza, sale del cuarto apagando la luz.

