miércoles, 28 de marzo de 2012

Nota del autor: Cualquier parecido con la realidad es mera MERA coincidencia.
 -Hoy fui a la clase de escritura y créeme que hay momentos en que no se lo que hago ahí-  dijo con voz cansada la esposa mientras meneaba la olla de los frijoles.
 -¿Si?... ¡Pásame otra tortillita mi amor, ni a mi madre le salen tan buenos los frijoles como a ti!-  dijo el esposo 
 -¡Si!, y es que entre los acentos y la sintaxis, mis ideas de plano se hacen bolas-
 -¿Por?... ¡Le faltó un poquitín de sal a la carne mi amor!-
 -Porque hace tantos años que estudié todo eso que no me acuerdo de nada, de repente me parece que todos  me hablan en otro idioma- 
 -¡Nooo!... ¿Hiciste postre mi amor?-
 -¡Siiii!, así me siento... viví encerrada tanto tiempo en mi mundo de fantasía que la realidad me asusta y mucho-
 -¿Cómo?... Espero que lo hayas preparado con leche deslactosada porque si no, no respondo-  dijo riéndose el esposo.
 -Cómo lo oyes, cada mañana al levantarme todo me parece absurdo-
 -¿Todo?... si todo lo haces muy bien mi amor-
El esposo se levanta, le da un beso en la frente y antes de salir de la cocina le dice lanzándole una pícara mirada:
  -Te espero arriba mi amor-
La esposa tomó un pedazo de pan, lo untó de frijoles, y se sentó continuando la plática consigo misma mientras cenaba. Tal vez sea la edad, pues imaginarme a estas alturas escribiendo algo tan complicado como un cuento, me causa hasta risa. Porque el hecho de haber escrito anécdotas y experiencias durante toda mi vida, no tiene nada que ver con todo esto. A parte que a mi las relaciones sociales me causan algo así como “escozor”... esa idea del tal Salinger me recordó algo que he querido hacer siempre, un lugar remoto, mi chucho y escribir. ¿Pero escribir QUÉ si a mi definitivamente no se me dan esas cosas?
  -¡Mi amor, de pasadita te encargo un vaso con agua?... ¡te estoy esperando!-  se escucha la voz del esposo a lo lejos.
La esposa se levanta, lava la loza, sale del cuarto apagando la luz.