Ruleta (ejercicio).
Mi diario por Aureliano Buendía
-¡Siete, siete, sieteeee!-
Fue lo que escuche justo cuando mis largas orejas se asomaron a este mundo.
Y entre los suaves lengüetazos de mi madre, y los no tan suaves empujones de mis
hermanos... comenzó mi perruna vida.
A los pocos meses una mujer llegó a la casa y al observarla supe de inmediato la razón de mi existir, ella al verme me tomó en sus brazos y nos adoptamos mutuamente.
Al llegar a mi nuevo hogar, todo era novedad, mordisqueba plantas, desbarataba periódicos, hacía agujeros en el jardín, y bajaba la ropa del tendedero.
-¡Aureliano, deja ahí esa ropa!- (gritaba mi mami enojada).
Inmediatamente comprendí que no todo es juguete y que debo de respetar ciertos objetos.
Me llamo Aureliano Buendía, soy cazador por naturaleza, me gusta perseguir pájaros, ratones, cucarachas... y gatos.
Sobre todo a una gata llamada Chayo que cuando menos pienso, se regodea en los brazos de mi mami siendo esto un dolor de muelas para mi... es una arpía, una trepadora!
Hace dos días, se quedó encerrada en el baño, bajo llave, y la muy astuta logró salir por arriba del ventanal cayendo volcada y patas para arriba en el jardín, corrí para atraparla y darle por fin su merecido, pero mi mami tras de mi no paraba de gritar:
-¡Aureliano, deja en paz a esa pobre gatita!-
La tomó en sus brazos y nos fuimos corriendo al doctor. Le pusieron anestesia, le curaron las heridas, la enderezaron todita y aun así, parecía muerta.
-¡Resucítela doctor, Dios nos guarde si se muere!- repetía una y otra vez mi mami.
-La gatita no está muerta señora, solo hay que esperar que no surjan nuevas complicaciones- contestaba el doctor.
Yo no dejaba de imaginarme una vida dulce y plena con los restos de mi odiosa enemiga incinerados y guardados en una cajita en un rincón del librero.
Dicen que es especial porque la encontraron en la cajuela de un carro, y que desde entonces desafía a la vida.
Pocos días después llegó mi mami a casa con la gata negra, sus ojos penetrantes me miraron como si quisiera hacer las pases, su personalidad era otra, como una segunda versión de ella misma... más dócil, más tierna?.
La acostaron suavemente de costado, y justo en ese momento fue que la sentí mi aliada.
Por primera vez pensé en ella por su nombre propio y no por todos los horrendos adjetivos que hasta entonces me inspiraba.
Me acerqué suavemente a olerla, cuándo de repente: ¡zas!, un zarpazo en mi nariz, un salto y su huida.
Y a un grito de guerra comenzó nuevamente la persecución.
De inmediato se escuchó la voz de mi mami:
-Aurelianoooo, deja en paz a esa pobre gatita-