Ejercicio de palabras que no gustan.
Gema Vázquez Michel
Veo tu reflejo en el espejo retrovisor.
Duele tu andar impetuoso huyendo de mi.
Me siento atrapada en un remolino de ofensas y reclamos, mis sentidos se nublan, se paralizan.
Y un abismo profundo y oscuro emerge ante mi... al verte partir.
Mis labios arden ante el sonido de la última palabra pronunciada.
Duelen.
Quisiera envolverte en un sutil y amoroso velo de amnesia.
Para que olvides todo el daño que he causado en tu corazón.
Reparártelo con besos y caricias.
Amo quien eres, lo que eres, como eres... amo tu sencillez.
Quiero romper patrones.
Crear un mundo nuestro.
Re inventar un idioma donde “parquear” o “afrenar” no ofendan los oídos clasistas y aristocráticos de mis padres.
Ser ante todo Tú y Yo.
Jamás pensé que decir una palabra pesara tanto.
Aquí la siento aún, me corroe, me enferma.
Desesperada salgo corriendo tras de ti.
Te alcanzo, te sujeto con mis brazos, hundo mi cara en tu cuello.
Y me embriago con tu aroma.
Nuevamente la palabra amenaza con salir de mi boca.
Suavemente mis labios la susurran en tu oído.
-¡Lárgate si!... pero conmigo.