domingo, 13 de noviembre de 2011

Cómo educar el corazón de un hombre, para que sea fermento de cambio.


Es complicado.
Una pareja tiene 3 hijos.
Deseados, amados... los 3 en la misma escuela, con las mismas oportunidades, los mismos valores inculcados.
Cómo explicar que uno se transforme en un destacado abogado, otro en un reconocido arquitecto y el otro en un ambicioso narcotraficante?
Me doy cuenta que no es cuestión de escuelas “picudas” o escuelas “patito”.
Ni de “super papás”, “maestros con maestrías” o “doctores con doctorados”.
Ni de sicólogos, siquiatras o todólogos.
La razón (para mi) radica en algo tan sencillo como es la esencia de cada ser humano.
Lo más importante de nuestra naturaleza.
Lo permanente.
De acuerdo con esto yo me enfocaría en esa parte de la niñez que es la plataforma de todo individuo.
Dejarlos sencillamente “ser” niños.
Niños felices, niños plenos.
Niños deseados, amados.
Sin carencias, sin excesos.
Sin abuso ni maltrato.
Sin responsabilidades que no les corresponde.
Cómo lograrlo?
Cómo luchar contra un sistema que permite que exista el hambre cuando por doquier vemos empresas multimillonarias?
Cómo luchar contra gobiernos ineptos y corruptos?
Cómo detener un torbellino llamando “mundo” donde predomina el egoísmo, el odio, la vanidad, lo superfluo...
Cómo luchar contra una sociedad, a la que no le da la gana ver más allá de su nariz?
Cómo soñar en obsequiarles a TODOS los niños un mundo mejor?
Yo... no lo sé.
Gema Vázquez Michel
Noviembre 13 del 2011